Federico García Lorca

El pasado 05 de junio recordábamos el nacimiento de Federico García Lorca. Entre sus distintas obras, resaltamos en nuestras redes los versos de una composición que nos conmueve de manera especial.

Se trata de las líneas que dedicó a Ignacio Sánchez Mejías, amigo torero fallecido a consecuencia de una profunda herida por asta de toro.

Los versos detallan poéticamente el desarrollo de la fatídica tarde, reiterando de forma desmedida una pauta horaria que no avanza. Si bien es cierto que podría ser un recurso para dar dramatismo al texto, da la sensación de querer transmitir lo lentas que debieron parecer esas horas de incertidumbre desde que se produce el incidente sobre el albero hasta que el torero fallece, al día siguiente.

Ya en el inicio, el andaluz logra que presintamos la tragedia, para desenmascararla unas líneas más adelante. Posteriormente, intercaladas con el reloj que no avanza, lanza unas imágenes que nos llegan cual destellos atropellados de los momentos que tuvieron tan fatal desenlace. ¿Cuáles tienen más fuerza? Nosotros nos quedamos con “cuando el sudor de nieve fue llegando” y “la muerte puso huevos en la herida”.

Por favor, lean con atención. Federico García Lorca.

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana

a las cinco de la tarde.

Una espuerta de cal ya prevenida

a las cinco de la tarde.

Lo demás era muerte y sólo muerte

a las cinco de la tarde.

El viento se llevó los algodones

a las cinco de la tarde.

Y el óxido sembró cristal y níquel

a las cinco de la tarde.

Ya luchan la paloma y el leopardo

a las cinco de la tarde.

Y un muslo con un asta desolada

a las cinco de la tarde.

Comenzaron los sones de bordón

a las cinco de la tarde.

Las campanas de arsénico y el humo

a las cinco de la tarde.

En las esquinas grupos de silencio

a las cinco de la tarde.

¡Y el toro solo corazón arriba!

a las cinco de la tarde.

Cuando el sudor de nieve fue llegando

a las cinco de la tarde,

cuando la plaza se cubrió de yodo

a las cinco de la tarde,

la muerte puso huevos en la herida

a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

A las cinco en punto de la tarde.

Un ataúd con ruedas es la cama

a las cinco de la tarde.

Huesos y flautas suenan en su oído

a las cinco de la tarde.

El toro ya mugía por su frente

a las cinco de la tarde.

El cuarto se irisaba de agonía

a las cinco de la tarde.

A lo lejos ya viene la gangrena

a las cinco de la tarde.

Trompa de lirio por las verdes ingles

a las cinco de la tarde.

Las heridas quemaban como soles

a las cinco de la tarde,

y el gentío rompía las ventanas

a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!

¡Eran las cinco en todos los relojes

Eran las cinco en sombra de la tarde!

1 comentario en “Federico García Lorca”

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